La siguiente historia tiene lugar en Madrid entre las 09:20 a.m. y las 11:30 a.m. el dia que sale a la venta la edicion definitiva de Blade Runner. Los sucesos ocurrieron en tiempo real.
09:20
Llego al Fnac de la calle Preciados. Por el camino voy pensando en que puerta colocarme de las cuatro que tiene el edificio. Cuando llego las dudas se disipan. Alrededor de unas 12 personas ya hacen cola junto a una de las puertas (la primera viniendo desde la Puerta del Sol).
09:22
Un tipo (muy majete, por cierto), de unos 25 años, se aproxima a mí y me pregunta si esta es la cola para el maletín de Blade Runner. Le digo que no sé el resto pero que yo sí que estoy aquí para comprarlo. Me dice que le guarde el sitio que va a comprobar las demás entradas al edificio.
09:25
El tipo informa que no hay nadie más en las otras puertas. Me dice que él ha venido a por la edición de 300 que incluye un casco. Charlamos un poco sobre Blade Runner y la incógnita de qué puertas abrirán. La cola aumenta, pero él se muestra tranquilo porque las voces de alrededor le sugieren que nadie quiere la edición de 300. Están aquí por Deckard. El hombre delante nuestro, de unos 40 años, se nos une a la conversación. Confirma lo que me habían dicho. Solo 12.000 maletines para toda España. Nos preguntamos si habrá suficientes para todos los de la cola.
09:39
Me llaman por teléfono.
09:48
Cuelgo. Una voz a mis espaldas dice algo. Me doy la vuelta pero no veo a nadie. La voz continua. Esta vez viene del suelo. Bajo la mirada y un tipo (muy majete también), de edad aproximada al anterior tipo majete, me mira mientras habla. Está preocupado por la combinación de la gente y las múltiples puertas. La cola ha aumentado. Ya llega hasta el extremo del Fnac. Cubrimos casi todo el lateral del edificio. Sigue hablando sobre la incógnita de que puerta abrirán primero. Argumentamos que como la cola empezó en esta puerta abrirían la susodicha primero, ya que no hay mas gente en las demás. Nos hace notar que varios grupúsculos de gente se encuentran apostados en las dos puertas de la otra fachada del edificio. La tensión aumenta. Hablamos de la poca honradez de la gente y lo cafres, energúmenos y oportunistas que son, pero que esperamos que todos sean como nosotros y tengan el mismo buen rollo. Comentamos los paralelismos con lo sucedido con Héroes del Silencio en Zaragoza. El chaval bajito dice que estuvo allí y hubo hostias. Mientras hablan evalúo la situación de mis posibilidades observando atentamente al resto. Se comenta la posibilidad de agredir físicamente si fuera necesario y de hacer grupo. En el ambiente flota la sensación de pacto tácito entre nosotros, sellado con nuestras miradas y los asentimientos que nos dirigimos cada vez que dice alguien algo. El hombre mayor de delante se ha cogido el día en el trabajo para poder venir. El chaval bajito también, aunque mandado por su novia, más fan todavía de Blade Runner. Dice un par de veces que esto va a ser como las Guerras Púnicas.
09:59
Se ve movimiento en el interior. Nos miramos. Miramos la ya larga cola a nuestras espaldas y los apostados en el otro lado (les vemos a través de los cristales de la fachada). Nos preparamos. Nuestra puerta es la más cercana a las escaleras mecánicas (sin contar la del lado opuesto) que suben al primer piso. A la sección de películas.
10:00
Avanzamos a pasitos cortitos hasta entrar en el edificio. Según entramos miramos a nuestra izquierda. La puerta que estaba detrás nuestra ya está abierta. Dos tipos vienen corriendo hacia nuestra posición. Enfrente, el guardia de seguridad se dispone a abrir la puerta junto a la escalera mecánica. Corremos hacia ellas en pos de nuestra preciada reliquia. Un tipo trata de hacernos la envolvente y rodea toda la cola que espera para subir en orden por la escalera para colarse por el hueco de la derecha. Se produce un leve conato de violencia. El tipo de la envolvente se tropieza con el borde de la escalera y empuja a mi compañero de detrás. Este le replica algo parecido a “Eh,eh. Cuidadito. Que todos queremos lo mismo”. No recuerdo con exactitud las palabras. No me importaba. El tiempo que se dedicaban entre ellos era tiempo que ganaba a mi favor. Algunas personas (no compradores de Blade Runner o no lo suficientemente fans como para estar ansiosos y ligeramente violentos por conseguir lo que creemos nos pertenece por derecho) permanecen en el lado derecho dejando hueco a los que suben raudos y veloces (yo entre ellos), en manada de a uno, al primer piso.
10:05
Veo a un grupo de gente colocados en circulo, cual adoradores de ídolos aztecas, que me tapan la visión del objeto de su contemplación. Esprinto y hago una envolvente por la izquierda para asegurarme de que se trata de los maletines y no de una rubia virgen sacrificada al Dios Hitchcock. Cojo mis dos maletines de Blade Runner (uno para un amigo). Respiro tranquilo y ya me detengo a observar la situación. Como carroñeros sobre un cadáver en descomposición la gente se abalanza a por su pedazo de carne. Un tipo se lleva 7 maletines. Otro 3. Colocados sobre un palé debe de haber unos 200. Tal vez más. No muchos menos.
10:10
Pago lo mío. La cajera ahora se da cuenta de por qué había tanta gente esperando fuera. Me pregunta que contiene el maletín. Se lo digo. Hasta 5 versiones diferentes de la película. Mas de 9 horas de documentales. Escenas eliminadas. Un holograma de Deckard. Láminas con dibujos conceptuales. Una réplica del spinner de la policía. Y una pajarita (concretamente el unicornio de “papel”). Veo en sus ojos la expresión “putos locos”. Mi compañero en la batalla (el bajito) está detrás de mí, comunicándole a su novia su éxito. Vuelve a mencionar las Guerras Púnicas. Me despido y subo a comprarme un par de libros.
10:20
Por curiosidad bajo a ver cuantos maletines quedan. Todo indicio de que alguna vez hubiera allí nada remotamente parecido a 200 maletines de Blade Runner se ha perdido, como lágrimas en la lluvia. No queda ni el palé. Solo las bolsas en mi mano me recuerdan lo que una vez ocurrió aquí.
11:20
En casa, sentado frente al maletín me dispongo a abrirlo. Levanto la tapa.
11:25
Mi madre me pregunta por qué lloro. Le digo que es por el sueño, por haber madrugado. No quiero parecer débil y mariquita. Me seco las lágrimas y vuelvo a abrirlo.
