Las leyes del mar
En el saturado mercado de la fantasía, los libros de Robin Hobb son diamantes en un mar de circonio.
Sin llegar al extremo de las palabras de R.R.Martin, sin duda la saga de Las leyes del mar (The Liveships Traders, en original) es una gran saga de fantasía. Son tres tomos de unas seiscientas páginas, que pese a su tamaño no se hacen pesados de leer en absoluto. Yo esperé a tener los tres y los leí uno detrás de otro.
A grandes rasgos, lo que Hobb nos cuenta es la historia de la familia Vestrit, una familia de mercaderes del Mitonar que tienen la suerte de poseer una nave construida con una madera especial que les permite establecer un vínculo con los miembros de su familia. Hasta tal punto que cuando mueren tres de sus capitanes, el mascarón de proa despierta y conserva los recuerdos de sus familiares.
Ante este planteamiento tan original, yo no recuerdo ningún libro de fantasía en el que los barcos y el mar fueran el telón de fondo, la autora va introduciendo elementos clásicos de fantasía, monstruos marinos, piratas, razas olvidadas, gobernantes despóticos y pequeñas pinceladas de magia que van volviéndose cada vez más importantes a medida que avanza la historia.




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