Arrástrame al Infierno
Érase una vez un director llamado Sam Raimi apasionado de las películas de terror y del séptimo arte en general. Era un joven visionario al que le gustaba entrener a la gente con sublimes historias de terror, pero aderezadas con escenas humorísticas que hacían que la tensión interna de los espectadores explotara en terribles carcajadas. Ya desde los 13 años, equipado con una cámara de un amigo suyo, Sam hizo sus primeros pinitos en el mundo del cine. Pero fué en 1981 cuando escribió y dirigió una de las más espectaculares y frescas películas de terror de la historia: The Evil Dead (Posesión Infernal), una mezcla de gore, terror y humor que se convirtió en muy poco tiempo en una cinta de culto.
Dado el gran éxito que tuvo Posesión infernal, Raimi filmó dos partes más de esta saga. La primera fue una especie de remake con más presupuesto y más visceras y la segunda, considerada por muchos como una obra de arte, fué El Ejercito de las Tinieblas, donde prima más el humor que el terror, la verdad. Depues de un tiempo haciendo otras películas (entre ellas otra obra de arte: Darkman), los altos ejecutivos de Hollywood le encomendaron una ardua misión: llevar a la gran pantalla las aventuras de Spiderman. La verdad es que no lo hizo mal, pero tal vez sus fans echamos de menos sus escenas fuertes con alto contenido de violencia/visceras, pero claro, no era plan de hacer una versión gore de Spiderman (aunque molaría).





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