Calle de magia
Desde que era pequeño, Mack Street supo que no era un niño normal. Encontrado pocas horas después de nacer metido en una bolsa de plástico junto a una tubería, Mack fue adoptado por una mujer que lo cuidó como si se tratara de su propio hijo ayudada por el vecino que encontró al bebé. Cuando Mack no era ni un adolescente empezó a experimentar lo que el denomina “sueños fríos” donde puede ver los deseos más ocultos de la gente que le rodea, la gente del barrio. Lo curioso es que poco después, estos deseos se hacen realidad, pero no de la forma en la que Mack lo vio, sino de una forma mucho más trágica. Por ejemplo si una chica del barrio desea ser un pez para nadar libremente en el mar (le encanta la natación) es encontrada una noche ahogada dentro de la cama de agua de sus padres.
Con una mezcla de realidad y fantasía (que por momentos me ha recordado a algunas novelas de Neil Gaiman), Orson Scott Card nos cuenta una historia repleta de imaginación, donde el mundo mitológico de las hadas (muy inspirado por la obra de Shakespere entre otros) se mezcla a la perfección con el mundo en el que vivimos, que engancha al principio, pero que para mí flojea un poco a medida que la trama avanza. La idea de contarnos la eterna lucha entre Oberón y Titania (el rey y la reina de las hadas), desde el punto de vista de Mack es un gran acierto, pero creo que podría haberse sacado bastante más de ello.
Calle de magia, podría ser un gran libro si no fuera porque algunas de sus partes son algo pesadas. Hay otras que son buenas, pero no lo suficiente para hacer de éste un libro notable (el señor Card tiene libros mejores). Además el autor se empeña en repetir una y otra vez, que el protagonista es negro y que vive en un barrio de negros, cosa que puede llegar a cansar en determinados momentos del libro. Aun así, no está mal.



