Goemon
Japón, 1582. En la cima de su poder, habiendo sometido a numerosas regiones del país, el poderoso daimyo Nobunaga Oda es traicionado por uno de sus generales, Akechi Mitsuhide, cuyo acoso le obliga a poner fin a su vida suicidándose. Pero este sería derrotado poco después por Toyotomi Hideyoshi, aliado de Nobunaga, y que ahora dirigía sus ejércitos. Unificando Japón bajo su mandato, el país vivió varios años en una relativa paz, hasta ahora. Goemon, popular ladrón querido por el pueblo, una noche saquea el tesoro del templo de Nanban y, sin saberlo, se lleva una preciada caja que esconde la verdad sobre la llegada al poder de Hideyoshi y cuya existencia podría provocar su caída. Este error arrastrará a Goemon de vuelta a un pasado que abandonó y rechazó, pero que el destino de Japón le obliga a recordar, poniéndole en el punto de mira de una conspiración política crucial en la historia del país.
Tras la famosa “Casshern“, y manteniendo su estilo visual, Kazuaki Kiriya se aprovecha de las lagunas y ambigüedades que rodean la figura histórica de Ishikawa Goemon (quien cual Robin Hood de ojos rasgados se dedicaba a robar a los ricos y lo daba a los pobres) para elaborar una trama que nos sitúa en el epicentro de la historia de Japón (tomándose ciertas libertades) en un tiempo inmediatamente anterior a la creación del Clan Tokugawa y sus 250 años de gobierno. La película se decanta, en detrimento de la calidad del guión (bastante limitadillo y flojo), por el puro espectáculo visual y pirotécnico donde el ordenador inunda la pantalla desde el primer
momento de manera desproporcionada e irreal (no hay mas que echarle un vistazo al trailer más abajo) que puede llegar a abrumarnos. Si a esto le añadimos espectaculares persecuciones por los tejados de Kyoto, vertiginosos duelos entre ninjas, batallas monumentales (como la de Sekigahara en la que combatió el legendario samurai, Miyamoto Musashi) y acrobacias de otro mundo (algunas realmente imposibles, pero acojonantes en cualquier caso) tenemos lo que me pareció claramente una mezcla de los videojuegos Onimusha, Shinobi y Final Fantasy. Una ficción histórica a medio camino de la fantasía y la realidad.
Hace unas semanas tuvimos la ocasión de asistir a su proyección en Sitges y para el recuerdo me quedaré con la gran y merecida ovación que se llevó la primera aparición del muy famoso maestro ninja, Hanzo Hattori. En aquel momento fue como encontrarse con 200 colegas frikis en una misma sala. Hay que vivirlo.
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