La conspiración del pánico 

Jerry Shaw (Shia LaBeouf), un joven nteligente pero inadaptado trabajador de una fotocopiadora, vuelve a su pueblo para el funeral de su hermano gemelo, el cual falleció bajo en un supuesto accidente de tráfico. Al volver a su apartamento, lo  encuentra repleto de armas, documentos del gobierno y el material necesario para construir bombas. En ese momento recibe una llamada de alguien que le dice que acaba de ser activado y que la policia llegará allí en pocos segundos. Mientras tanto, Rachel (Michelle Monaghan), una joven madre soltera que se encuentra despidiendose de su hijo que se va de excursión con el grupo de música del colegio a Washington, recibe una llamada en la que se le comunica que acaba de ser activada y debe obedecer todo lo que se le ordene desde este momento si quiere volver a ver a su hijo con vida. Desde ese momento Jerry y Rachel se ven de repente juntos e involucrados en una complicada trama de terrorismo que gira en torno a una misteriosa voz que parece controlar sus vidas y donde deben hacer todo lo que se les ordena mientras son perseguidos por dos agente del gobierno: una agente de la Fuerza aérea (Rosario Dawson) y un agente federal (Billy Bob Thornton) que tratan de descubrir  la verdad que se esconde bajo estas dos personas.

El germen de esta película dirigida por D. J. Caruso (“Disturbia” o la próxima adaptación del magnífico videojuego “Dead space”) es una idea que nació hace años en la mente de Steven Spielberg. El concepto original  se centraba en el hecho de que la tecnología está en todas partes, ¿qué sucedería si se pusiera en nuestra contra? ¿qué pasaría si la tecnología que nos rodea, que apreciamos y de la que dependemos, súbitamente fuera utilizada para hacernos daño y estuviera totalmente fuera de nuestro control?. No es la más original de las ideas, es cierto, pero en manos de Spielberg, que quería que los espectadores salieran del cine tan asustados que durante unos dias miraran con desconfianza al tostador, podría haber sido una gran película. Pero la cosa fue cambiando, Spielberg se lió con Indiana Jones 4 y el proyecto lo retomaron otras manos muy poco hábiles. Y les salió esta cagada. Y con ello no quiero decir que sea mala en su sentido más despectivo, porque en realidad funciona bastante bien como thriller de acción desenfrenada, que es lo único atractivo de este film, junto al arriesgado (para una superproducción yanki) mensaje que lanzan contra la política estadounidense. El problema viene en el desarrollo de esa idea inicial de Spielberg.  A los cinco minutos de proyección, la inverosimilitud de la acción y de la tecnología es tan grande que puede llegar a suponer un insulto a la inteligencia y al conocimiento. Por ejemplo, la mente detrás de toda la revolución tecnológica es tan “hábil” que es capaz de intervenir camaras de circuito cerrado, escribir mensajes en las pantallas luminosas del escaparate de una floristeria, hacer estallar un cable de alta tensión y que le caiga precisamente a un enemigo en la cabeza friéndole (¿?¿?) y, si te descuidas, se mete en tu reloj/calculadora Casio y te borra la agenda telefónica. Todo ello gracias, por supuesto, a un satélite (que sería de las películas de acción si no se hubieran inventado los satélites-para-todo). En fin, desproposito trás desproposito, pero cargado de explosiones, tiros, persecuciones y todo lo demás. Para ver con palomitas y olvidar con alcohol.

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