La Espada de Fuego
Si este libro, o mejor dicho, esta saga hubiera sido escrita por Robert Jordan, George RR Martin o alguno de los autores que actualmente copan las estanterías de los más vendidos en el género fantástico, estaríamos ante un superventas. El problema es que lo ha escrito un autor español y absurdamente siempre solemos prestar menos atención a lo que tenemos aquí.
Afortunadamente desde hace unos años, el buen hacer de autores como Rafael Marín, Jose Carlos Somoza o quien nos ocupa, Javier Negrete, está haciendo que abramos un poco los ojos y disfrutemos de las grandes historias que nos regalan.
La Espada de Fuego es la primera novela de la saga del mismo nombre compuesta por: La Espada de Fuego, El Espíritu del Mago, El Sueño de los Dioses y El Corazón de Tramorea, en la que se nos cuenta la historia de la ansiada espada de fuego Zemal. Esta espada es portada por el Zemalnit, lo que le permite reinar sobre Tramorea.
Hairón, el último Zemalnit ha muerto y no son pocos los que están interesados en hacerse con la espada, pero sólo los Tahedoranes, los grandes maestros de la espada, pueden competir por ella. El problema es que no sólo los mortales están interesados en ella, Tubilok, un Dios dormido que habita en las profundidades del Prates, la necesita para enfrentar a los hombres y poder volver a dominar el mundo. Magos, guerreros, criaturas mágicas y los propios Dioses son los que nos encontramos en la historia, que original original no es, ya que presenciamos la socorrida profecía, el típico viaje en busca de un objeto que otorga un gran poder a un personaje que en principio parece que desentona con la historia, o las traiciones y engaños que suelen darse en este tipo de historias.













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