La habitación de Ámbar
1716. Federico I de Prusia hizo al zar Pedro el Grande el que es probablemente el regalo más valioso de la historia, la habitación ámbar, una descomunal cámara palaciega hecha con paneles de ámbar y decorados en oro. Inmediatamente, la habitación se convirtió en un símbolo ruso, que fue respetado incluso tras la Revolución, y se calificó como “La octava maravilla del mundo”.
Un par de siglos después, en 1941, en plena II Guerra Mundial, los nazis saquearon la ciudad de Leningrado, ahora San Petersburgo, llevándose consigo la habitación Ámbar, para instalarla posteriormente en el castillo de Königsberg, donde Hitler tenía en mente hacer el mayor museo de piezas de arte del mundo.
Debido a los bombardeos que sufrió Alemania durante la guerra, se encargó a la Gestapo que escondiera todas las riquezas alemanas en las minas, lagos y zonas desiertas que se extienden entre Alemania y la actual República Checa, encontrándose entre estas riquezas los paneles que formaban la preciada habitación. Sobre lo que sucedió después, hay varias teorías, se dice que fue descubierta por los aliados y cuando era transportada por mar se hundió, que aun permanece escondida en alguna mina, etc. Haya tenido un destino u otro, es innegable que la habitación ámbar, fue uno de los mayores tesoros que han existido jamás.





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